
Me dejo caer entre la maleza.
Necesito descansar de este viaje.
Me resisto a pensar que somos solo hueso y carne,
y que seremos comidos por los gusanos.
Me atormenta ser sólo polvo y, como polvo, volar con el viento,
sin dejar rastro.
Aunque por fuera parezca frágil,
sabes que por dentro
estoy hecha de roca.
Aunque veas correr una lágrima por mi mejilla,
entiende, de una vez,
que no hay espacio para lo tierno.
Aunque de mí escuches palabras que parezcan ciertas,
no pienses que la espiga ha retoñado.
O si de mí escuchas un suspiro,
no creas que veo estrellas,
amaneceres rojos o el horizonte que descansa sobre el mar.
Solamente veo pasto, mucho pasto,
y esos sueños que fueron alimento de las llamas,
un largo camino que se pierde.
Y una tierra olvidada que lamenta
y echa raíces en la ilusión que yace sobre miles de tumbas.
Y lo siento, desde hace mucho ya,
cuando por mera voluntad
decidí caminar,
con los pies descalzos.

Dibuja una sonrisa sobre estos labios sellados.
y a cambio toma la flor, ya marchita y escondida.
ya cansada de esperar que la luz entre por la ventana,
ya entregada a un recuerdo que se desgasta
día a día y noche a noche.
Y si el frío no te deja empuñar el lápiz. Usa tu mano.
Tus dedos recorrieron mil veces las sendas prohibidas,
y enterraron tu nombre en las profundidades de esta tierra
para no ser sacado jamás.
Y si tus manos están atadas por tus miedos, usa tu boca.
Así echarás abajo la puerta que un día cerraste,
pero esta vez dejaré la llave donde el viento sople fuerte.
Pero esta vez, enlazaras tus brazos con los míos,
tus piernas con las mías,
tu cuerpo con el mío, como antes.
Me pedirás como siempre que no permita que nos separen
y querrás hacer un nudo que ate nuestros cuerpos.
Pero espero que esta vez,
sientas el aroma de la flor,
ahora, ya marchita y escondida,
ya cansada de esperar la promesa
que se pierde en el vago doblez del recuerdo.
